Lourdes Batista en el rito y el hito de la desnudez

Por Leopoldo Minaya.


Luego de haber publicado años atrás un libro desafiante y subversivo (en el mejor sentido de la palabra), Lourdes Batista nos presenta en esta ocasión otro de igual cariz pero de mayores belleza y sublimidad, como corresponde a un espíritu que a sí mismo se supera y se desborda en sí mismo: La mujer desnuda.

   Luego de haber publicado años atrás un libro desafiante y subversivo (en el mejor sentido de la palabra), Lourdes Batista nos presenta en esta ocasión otro de igual cariz pero de mayores belleza y sublimidad, como corresponde a un espíritu que a sí mismo se supera y se desborda en sí mismo: La mujer desnuda.

   La mujer y la desnudez… símbolos universales de belleza formal, de fecundidad, de proliferación; reunidas, como un solo ente: centro del mundo, substanciación de los mitos, motor de la Historia, sostén cardinal de leyendas y epopeyas.

   Sin una mujer, y sin la posibilidad de yacer desnuda, no existirían hoy las gestas homéricas (una es ida por la mujer; otra, regreso hacia la desnudez); ni las cosmogonías, ni la masculinidad de los dioses. El dios se instituye masculino adrede —intuimos— acaso para no perder la… de otra manera imposible… oportunidad de disfrutar el privilegio del acercamiento progresivo desde la otra orilla hacia el bello sexo, que seduce con la esotérica ojeada de la esfinge, o que aniquila con la fulminante descarga de los basiliscos.

Leopoldo Minaya


   Pero la mujer desnuda es también el alma de los hombres, que yace en las profundidades, o la recóndita conciencia, o la verdad cubierta de ropajes. Convencionalismos (hipocresías) instituidos se empeñan en ocultarla. Un alma trascendente no es otra cosa más que esencia, es decir: mujer desnuda, con lo que logra diferenciarse del común de las almas, envueltas ya en brumas, en olas, en púrpuras o en harapos.

   Pero la mujer desnuda es también el alma de los hombres, que yace en las profundidades, o la recóndita conciencia, o la verdad cubierta de ropajes. Convencionalismos (hipocresías) instituidos se empeñan en ocultarla. Un alma trascendente no es otra cosa más que esencia, es decir: mujer desnuda, con lo que logra diferenciarse del común de las almas, envueltas ya en brumas, en olas, en púrpuras o en harapos.

   Desnudez y sinceridad corren parejas. Sinceridad y verdad corren parejas. Desnudez y verdad se igualan por el peso de la ley transitiva en la naturaleza.  ¿Recordáis haber visto a Goethe apuntar hacia aquellas “verdades evidentes”, término que en principio nos suena perogrullesco o al menos redundante?  La “verdad evidente”  nos rodea a todos, se planta ante nuestros rostros, aunque preferimos no verla… salvo cuando la alumbramos con el destello de las artes.

   En la moderna poesía norteamericana hallamos el muestrario de la desnudez como vestimenta exterior tanto del artista como de la obra de arte, forma de aproximación y comparecencia ante la ordinaria realidad de los hombres. Una lectura de los primeros versos del gran poeta norteamericano Theodore Roethke  (ejemplos similares encontraremos en Robert Lowel o Silvia Plath) nos precisa la idea:

“My secrets cry aloud.
I have no need for tongue.
My heart keeps open house.
My doors are widely swung…
…………………………………..
…………………………………..
 
“My truths are all foreknown…
I´m naked to the bone,
With nakedness my shield.
Myself is what I wear…”

 Vemos aquí cómo la desnudez es el escudo y la fuerza del artista. Sus secretos gritan con una intensidad tal que no necesitan su sorda lengua. Los secretos solos se rebelan. Arte desnudo es arte trascendente, porque todo el orbe mediocre y malicioso gira en torno a la ocultación de la verdad, que es como decir: en pro de la mentira.

   En la mentira nacemos, en la mentira vivimos, en la añagaza morimos, en este mundo ordinario que nos bebe.

   La mentira es nuestra religión, nuestro credo, nuestro pan de cada día, nuestra forma aceptada de organización social. El hombre y la mujer desnudos se rebelan contra toda forma de ocultamiento y falacia. Por eso:

“Soy esa mujer desnuda
por los sueños
de las olas y las plazas;
los mercados de Francia,
de Inglaterra y New York.
 
“Mujer-niña que juega y juega
con el humo y las cenizas
de una civilización de cínicos.

Preciso es por lo tanto remontarse a la mentira original, partir desde la mentira primera en la que florecen pasiones y manzanas.  Como forma de destejerla, desenredarla, darle nueva forma y dimensión, dice Lourdes Batista:

“En el parque hay un árbol del que caen manzanas la mujer desnuda las recoge con sus manos doradas.

“Un hombre de pelo largo toca un violín imaginario que descansa en sus hombros.

La mujer a cambio le regala una manzana.

“El vagabundo despierta de su largo sueño y la mujer le da la mitad de la manzana.

“Palomas cuchichean sobre el loco que grita Szeretlek, (te amo, en idioma húngaro)

una ambulancia pasa por la calle y grita Szerelem; (amor, en idioma húngaro)

las palomas vuelven a cuchichear sobre el loco y curiosas e intrigadas se preguntan qué pasó con las semillas de la manzana.

“Los artistas llegan con sus bastidores lienzos y pinceles y dibujan las palomas que comen semillas de manzanas. “La niña toma la pintura y pinta las manzanas”.

…la reelaboración del mito pasa al través de experiencias y vivencias de la raza humana, de ese sinfín de trascendentes sucesos nimios que construyen su situación. El hombre, el ser, en su viaje de siglos… girando en torno a indistintos árboles, iguales ramas, e iguales plazas materializando el gesto de la universal comunión. En este largo poema que da título al poemario, Lourdes Batista recrea el mundo con hábiles pinceladas para reencontrase y encontrar a sus semejantes, que —dispersos— son la sola fibra de la unicidad en  la bifurcación.  El hallazgo no podría ser más halagador,  siendo empero… no menos fatal:

“Somos Dios, diosas y diablos”.

   Preciso es resaltar la evolución del estilo literario de Lourdes Batista, que adopta ahora un  aire sutil y delicado, con tendencias al tono menor y a la expresión memoriosa. El poema se va forjando con enunciaciones, ensoñaciones y descripciones que inundan tela y bastidor de color, gracia y  elegancia. Lourdes alcanza en La mujer desnuda la expresión de lo inefable, de lo trastocado, de la individualidad y de la Totalidad.

   El poema cardinal se complementa con otros de más corta extensión.  No alcanzan a diferenciarse en cuanto a belleza formal e intensidad comunicativa. Medular como el discurso inicial es el poema titulado Los suicidas me persiguen, en que la autora persiste en el tono desafiante ante la recta resultante de la sumatoria de sueños y realidades.  El leguaje rebota como balón de acíbar en saltos saturados de nostalgias y simbologías frente a la catarata nupcial de los abismos. En Navegante 327  no se podría pedir mejor uso del símbolo como resorte fabulador de hazañas y odiseas, lo mismo que en Paraguas grises y Palabras de agua. Cada uno de estos poemas es una palmada al corazón.

   Saludamos con beneplácito este nuevo vástago del numen creador de la poeta Lourdes Batista, y os lo presentamos como muestra de su ingenio y la brillantez de su vocación.  Apenas su segundo libro de poemas, y ya encuentra un estilo personal en que se asientan la madurez y la voz enriquecida con acentos singularísimos.  Ha logrado asimilar los influjos favorables  de sus mejores lecturas y el restallar de las vivencias… La mujer desnuda es el canto venturoso de un alma que enarbola la bandera franca de la libertad entre las ataduras del sino, y una mirada vital hacia la Verdad con que se desatan los altos caballos de la Redención.

Lourdes Batista

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