Por Joel Almonó

Decir que Lourdes Batista es un ejemplo de superación personal, una mujer de armas a tomar en la fragua política, una infatigable defensora de sus ideales, entregada en alma y cuerpo a la animación cultural, que defiende con vehemencia el legado en el mundo de las letras, eso huelga comentar; pero decir que Lourdes desde su primer opúsculo poético empezó a desafiar las convenciones de esta literalidad presente en el exilio, no lo es. Porque sus tropos de invención no son paradigmas, rompen paradigmas, “orinaré de pie”.

Ella forma su universo poético por medio de acentos internos que encontramos en cada signo del lenguaje que encarna, donde lo sexual se bifurca con lo místico: “mi sexo que me guía hacia la divinidad absoluta”.

Este aluvión de versos tántricos que pueblan el poemario “En la soledad de mi cama”, de Lourdes Batista, muestra el sentimiento cosmológico de una poeta madura, plena, sensual, donde la naturaleza humana se abre al mundo de la fantasía onírica con libertad expresiva.

La poeta navegó en un espacio completamente abierto a la imaginación febril para que el contrasentido florezca y nos brinde hallazgos fascinantes: “soy el esperma de tu cuerpo”. ¿Las palabras? Te las fumaste.

Las luchas de su alma en ese poemario persisten como generadora de formas a través del dolor y de la despedida, la cual no está ni al final del libro sino al cierre de uno de sus poemas. “Déjame partir, que con mi dolor no te haré daño”.

En Lourdes Batista tenemos una digna representante de la nueva oralidad en el mundo de las letras.


Joel Almonó

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

EnglishFrenchGermanHungarianItalianPortugueseSpanish
Add to cart